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Spanish | May 14, 2026

Sobre la responsabilidad

Written in 2026

La palabra responsabilidad tiene varios componentes que la construyen juntos. En la base está el verbo latino spondere que se traduce como ‘comprometerse a algo’ y de allí si se le añade el prefijo re que indica la repetición de una acción, obtenemos el verbo latín respondere que ya es bastante parecido al verbo ‘responder’ que todos conocemos. Entonces ya se puede notar algo interesante en el verbo responder que en su origen podría interpretarse como ‘comprometerse a algo de forma repetitiva’ o ‘a largo plazo’, algo que en el siglo XXI no se da por sentado. Por último cuando se le añade el sufijo idad nos sale que la responsabilidad es la ‘habilidad de responder’, pero a mi no me gusta mucho esta definición literaria porque le falta unos matices importantes que para mí son parte de ese concepto de la responsabilidad.

Primero la habilidad de responder me parece algo que tenemos todos, pero que muchos de nosotros elegimos no hacerlo en algunos contextos. Entonces añadiría que es la voluntad de responder y que también es la necesidad de responder porque uno no nace sabiendo que tiene que ayudar a su hermano pequeño o hacer sus deberes, se lo suele enseñar en la infancia.

En la tradición judía la responsabilidad es algo que tiene un peso enorme que hasta puede crear jorobados. Se trata de una responsabilidad inculcada de forma explícita e implícita a la vez que cuando esta coincide con una persona sensible se puede volver insoportable. Su base es algo como ‘no olvides lo que nos hicieron y todos los que sufrieron para que tú llegaras a nacer’, entonces un judío ya nace endeudado con unos intereses que raras veces se consigue pagar en su propia vida, así que los traspasan a sus hijos.

Para dar un ejemplo, en la cena de Pesaj que se celebra al inicio de la primavera el rito se basa en la obligación de contar a las nuevas generaciones lo que sufrieron nuestros antepasados en Egipto. En este caso se trata de una deuda tan antigua que a los judíos laícos no les afecta tanto aunque allí nace la idea un poco retorcida de ‘siempre han intentado acabar con nosotros, pero nunca lo conseguirán gracias a nuestro compromiso’. Una vez conocí a una chica francesa que aparte de ponerme incómodo con su energía perturbada me dijo algo que me sigue acompañando hasta hoy. Me contó que <<cuando vivía en Estrasburgo, viví en un edificio con muchos judíos ortodoxos. Nunca me han dirigido la palabra, pero se notaba que caminaban siempre con un enorme peso sobre sus hombros>>.

No volví a ver aquella chica, pero esa imagen de un judío jorobado por el peso de la responsabilidad inculcada me ha conmovido profundamente.

Poco tiempo después de esa fiesta de Pesaj y con cara hacia la gran fiesta del año ‘El día de la independencia’, quedan dos vallas bastante altas de saltar. La primera es el día del holocausto. De niño recuerdo eso como una de mis pesadillas más grandes porque durante 24 horas te obligan a empaparte de holocausto por todas partes y no hay forma de evitarlo por muy dolorose que fuera y ahora que ya soy adulto y vivo lejos de ese entorno todavía me siento culpable si no me rodeo de horrores en ese día.

Empieza por el colegio donde se hace ceremonias con historias que no están hechas para niños y exclamaciones del tipo ‘Nunca más’ que es como una pesa de 1 kilo que nos meten en la mochila de nuestras responsabilidades y luego ‘Jamás lo perdonaremos’ que no añade otra pesa y por último, la pesa más pesada que tiene escrito ‘Jamás lo olvidaremos’ que implica recordarnos constantemente lo ocurrido por muy duro que fuera y entonces para rematar, a las 10 de la mañana suena una sirena muy fuerte durante dos minutos y lo que me enseñaron hacer durante estos 2 largos minutos es ducharme con imágenes relacionadas con el holocausto, así que intentaba imaginar las cámaras de gas, los crematorios y los campos de concentración porque he entendido que el objetivo es ponerse triste y recordarse a uno mismo lo que hicieron a nuestros antepasados.

Después de un día así los niños llegan encorvados a su casa con una mochila mucho más pesada de la que tenían por la mañana.

Cuando tenía 21 años Robert Allen Zimmerman cambió su nombre. Dicen que lo hizo para tener un poco de animosidad cuando sea famosa aunque él mismo dijo que lo hizo porque le inspiró un poeta llamado Dylan Thomas. Cuando Bob Dylan cambió su nombre, también dejó su mochila de responsabilidad judía atrás y se incorporó al mundo de los que caminan con la espalda recta. En 1939 la famosa autora Irene Nemirovsky se bautizó junto al resto de su familia en un intento desesperado por protegerse de los nazis que estaban cada vez más cerca de Francia, pero eso no funcionó y tres años más tarde la exportaron a los campos de concentración en Polonia donde murió. Solo por ser judía.

Hasta aquí ya se ha acumulado bastante responsabilidad y efectivamente la respuesta no ha tardado en llegar. La respuesta fue crear un estado judío donde la persecución del pueblo judío no puede aparecer de nuevo, pero como un virus que se adapta a los antibioticos y coge formas distintas que son más resilientes, lo mismo pasó con el antisemitismo que hoy en día tiene otros nombres y otros motivos, pero en su núcleo conlleva ese desprecio hacia un pueblo errante que no le corrseponde ninguna tierra en concreto.

Entonces se fundó un estado judío en el año 1948 y al mismo tiempo nació también otro día conmemorativo que agregue peso a la mochila del judío ya agachado. Ese día está dedicado a los “héroes soldados” que murieron en las batallas para proteger a su patria y no se llaman muertos en hebreo sino ‘espacios’. Un eufemismo curioso que hace referencia al espacio que cada uno de ellos dejó tras morirse. A estos héroes también se suman todos los víctimas de los atentados que en Israel son cada vez más. A todos ellos se le dedica un día conmemorativo con la promesa de no olvidarlos y no olvidar el sacrificio que hicieron para que nosotros podamos vivir.

No hay forma de cuantificar la deuda que tienen los niños israelíes porque la cifra es demasiada alta y la solución por excelencia es mandarlos a hacer un servicio militar de 3 años en el que por fin podrán devolver a sus antepasados la enorme deuda que ya los estaba ahogando, así que los niños lo asumen y cuando hay una guerra y escuchan que otro soldado murió y que ese soldado también estudió en el mismo instituto como ellos se dan cuenta que la muerte es real y que les podrá pasar lo mismo.

Entonces por fuera ponen una capa de héroes patriotas asumen su papel en la historia del pueblo judío, pero por la noche cuando entienden que dentro de unos años será su turno ser la carne de cañón de unos políticos corruptos, llegan también las noches en vela en las que el miedo y la culpa se mezclan hasta que de este vortice sale un jóven que ha aprendido a reprimir su sensibilidad para convertirse en un buen soldado.

Cuando decidí irme de Israel en parte lo hice para dejar atrás la mochila que tanto daño hizo a mi sensible espalda durante los años, y como Bob Dylan quería ser uno más entre los que tienen países que nadie cuestiona su derecho de existir. Los que se levantan por la mañana sabiendo donde pertenecen. Los que pueden siempre volver a casa porque saben donde es y saben que estará allí también mañana. La responsabilidad judía tiene el peso de miles de años de persecución que probablemente nunca van a acabar. Tiene el peso de todas las injusticias que pasaron a su gente desde Alfred Dreyfus hasta Kfir Bibas, pero en mi caso privado también hacía millones de palestinos que tuvieron que moverse para que yo por fin pueda sentarme.

Cuando uno siente la responsabilidad por no hacer suficiente, pero a la vez por hacer demasiado, se crea una guerra interna que agita el corazón y hace que el día a día se convierta en lucha. La responsabilidad hay que escogerla y querer tenerla, pero no imponerla y no inculcarla si quieres que tus hijos puedan caminar con una espalda recta.

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