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Spanish | May 14, 2026

Memorias del abuelo - 2 - Un viaje hacia el sol

Written in 2026

En el pueblo de Trofimovsk había un joven estónico que era el responsable de un almacén de alimentación. Se llamaba Kapaika. Su ayudante, que también era joven, era ruso, Vania se llamaba. Los dos vivían en un estado constante de hambre, llevaban harapos, sufrían del frío y no veían ningún rayo de sol en su futuro. Estaban decepcionados de la vida y pensaban a menudo en suicidarse - tan mala y desesperante era su vida. Ni se atrevían a pensar en una vida mejor.

De repente se le ocurrió a uno de ellos la idea de huir de La Unión Soviética hacia los Estados Unidos de América. Tomaron la decisión y empezaron con las preparaciones. También llevaron consigo dos chicas jóvenes: una lituana y la segunda rusa. Robaron de los cazadores Yakutis indígenas escopetas y munición y también llevaron comida del almacén y un día desaparecieron del pueblo. Se les empezó a buscar, pero nadie ha conseguido encontrarlos. Nadie conocía sus planes. La huída fue interpretada por el NKVD como una revuelta en contra del régimen. No se les ocurrió que era un acto desesperado de protesta espontánea contra las condiciones infrahumanas en las que tuvieron que vivir. 

Pasó cierto tiempo, el ruido en torno a la huida se calmó y el evento empezó a olvidarse.  

Fue verano. Al inicio los fugitivos se escondieron en una isla cerca de la orilla, después volvieron al continente y empezaron a moverse hacia el oriente. Yendo hacia el amanecer, tuvieron la idea de llegar al estrecho de Bering en el invierno cuando el océano se congelaba y cruzarlo a pie para llegar a Alaska de forma parecida a la que lo hicieron los primeros humanos hace aproximadamente 20.000 años durante la glaciación que hizo descender al nivel del mar. La distancia que los separaba de Alaska era de 3.000 kilómetros. Caminar en el frío, la lluvia y las tormentas de nieve fue algo que ellos, vehementes, no tomaron en cuenta. 

Durante el verano, vivieron de los peces que pescaban. Cuando se congeló el agua aprendieron a cazar aves silvestres que se quedan en la tundra en el invierno y también aprendieron a pescar peces bajo el hielo. El corto verano se fue y vino la larga helada. Entonces encontraron una yurta de un cazador Yakuti. Dentro encontraron algo de comida, leña, sal y cerillas. Se instalaron allí y decidieron pasar el invierno en la yurta y esperar hasta que llegara la primavera para avanzar hacia el oeste. La vida en la tundra donde no hay ninguna señal de civilización no es un picnic. Se puede morir de soledad. Un día, pasó un yakuti con un trineo tirado por perros al lado de la yurta. En lugar de esconderse de la vista de los desconocidos, lo recibieron con amabilidad y le pidieron sal y cerillas puesto que ya no les quedaba más. El yakuti fue amable con ellos, les dio lo que pidieron y ellos en cambio le dieron agua hirviendo. No esperaron ninguna consecuencia negativa de ese encuentro. 

El yakuti los dejó, luego llegó al pueblo de Kyosior y en la oficina del NKVD informó que hay un grupo escondido en una yurta. Los agentes del NKVD salieron inmediatamente con sus trineos para capturar a los rebeldes. Llegaron al lugar, rodearon la yurta, atraparon a los rebeldes y los llevaron a Kyosior. 

En Kyosior se les hizo un juicio público. Los dos chicos fueron condenados a muerte por fusilamiento, y las chicas fueron condenadas a diez años en la cárcel.

Para nosotros, los habitantes de Trofimovsk, eso fue una tragedia muy profunda. Una advertencia que así pasará a cualquiera que intente escapar. 

Para el régimen - alegría y demostración de poder. Testimonio de un acto implacable contra enemigos y gentes que se atreven a soñar.

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